viernes, 10 de julio de 2009

El piso está moviéndose!!




Un tremendo remezón hizo que se levantara de un salto y corriera hacia el cuarto de su hija, que dormía plácidamente. Era viernes, probablemente, y teniendo en cuenta su reloj biológico aún faltaban algunas horas para el tener que levantarse. Todo se movía violentamente, tanto, que no podía tenerse en pie. No entendía como la nena aún dormía, y sin embargo, la alzó envuelta aún en su cobijita blanca, la abrigó en su pecho y se sentó a esperar a que se detuviera, bajo el marco de la puerta. No se detenía, y afuera, no se oía ruido alguno. Así que esperó. Pasaron varios minutos, en los que se esforzó en oir el tan nombrado crujir de la tierra, los gritos de angustia de sus vecinos, las alarmas de los carros en el parqueadero... y a cambio de esto, no logro oir nada. Sin embargo, su instinto de supervivencia, y el maternal, sobre todo, se empeñó en la espera, aunque realmente, quería asomarse a la ventana y ver lo que sucedía. La nena, seguía durmiendo, ahora mucho más agradada en brazos de mamá.

Afuera, no se oía nada. Al cabo de varios minutos, se levantó y puso a la niña en su camita, y venciendo todos sus miedos, se asomó a la ventana. Nada. No había nada extraño. Sólo unas pocas luces prendidas, algunos carros que pasaban frente a la casa, y uno que otro tranquilo transeunte. Nada que supusiera que unos minutos antes había temblado. Una madrugada normal, de un viernes normal.

Por si las dudas, llevó a la nena a su cuarto, y se acostó con ella. Quería estar cerquita, por si algo pasaba. Se sentía extraña, porque sabía que si hubo un remezón, lo había sentido, saltó de la cama y corrió para buscarla. No podía haber sido producto de su imaginación. Y pensando en esto, trató de conciliar el sueño. Pero no podía...

Y entonces, vino su imagen, como tantas veces durente los últimos días. Como casi todo el tiempo. Sonrió. Se sentía completa, de alguna forma, de cualquiera. Cerró los ojos para recordarlo, para traer tantos momentos a través de los años, para imaginar otros cuantos. Y entonces, vino otro remezón, y otro sobresalto. En medio del movimiento, vio como la nena se acomodaba, para seguir durmiendo. Todo se movía con ella, pero no se oía nada más. Sonrió sorprendida... y fue así, de esta forma, como notó que se le estaba moviendo el piso.

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