martes, 23 de junio de 2009

Cosas maravillosas

A pesar de las separaciones, las lágrimas y el dolor, debo confesar que este ha sido un año maravilloso, especialmente por los acontecimientos de los últimos días. Nada que hacer, me siento indiscutiblemente feliz.

La vida me ha premiado dos veces en los últimos días, y me siento tan afortunada...

Una persona muy especial en mi vida, un antiguo amor, mi primer amor, reapareció para quedarse y esta vez para siempre... Y curiosamente, a pesar de que las circunstancias se empeñaron en que nos separáramos, aquí estamos de nuevo, continuando nuestra historia, pero esta vez, como amigos. Su presencia en mi vida ha obnubilado todo lo demás, pero lo demás también fue especial. Demasiado.

Es curioso ver cómo es la vida.

Hace más de la mitad de mi vida (17 años), me moría por él. Con él aprendí lo que era el amor, con todo lo que trae consigo. Y también aprendí de la distancia, y de las lágrimas, y las culpas. Y aprendí lo que es la impotencia y la separación. Me juré quererlo para siempre, y lo quise durante muchos años. Durante todos estos años. El amor es pura energía, porque se transforma. A pesar de otros amores, otros hombres, otros momentos, él siempre estuvo en mi vida. Porque es de las personas que dejan huellas, y el dejó en mí la más profunda de las huellas.

Lo amé con muchísima pasión, con toda mi alma, con mi corazón y mis pulmones. Tanto, que cuando se fue abruptamente de mi país y luego de mi vida, me dolía hasta respirar. Lo lloré por muchos años. Pero respeté su decisión de alejarse de mí.

Después de él amé, profunda y descaradamente. Pero nunca como a él. Creo que nunca he vuelto a sentir lo que sentí en ese corto tiempo, en el que viví la vida al tope. Y su amor me hizo también conocer del egoismo, de la injusticia y de las sin razones de las personas que nos rodearon. Lo busqué, pero no lo suficiente como para acercarme. Supe que estaba bien. Soñé con el muchas veces, siempre lo tuve en mi memoria y en mi corazón. Después de todo, creo que entre nosotros hay un lazo fuerte que nos une.

Hace unos días, apareció de nuevo, y se llevó el peso de la culpa de tantos años con su ausencia. La vida me debe esos años junto a él, porque no se vale perder a las personas que amas. Sigue siendo la misma persona que me enamoró, que me arrancó el primer besito y a la que siempre amaré...

Estos dos días de reencuentro han sido indiscutiblemente maravillosos. Hace tiempo perdí la esperanza de ser tan feliz, y es curiso ver como la misma vida te da, en su momento, la oportunidad de rehacer el tiempo perdido. Como dice el, de seguir escribiendo el libro, de pasar la hoja y empezar un nuevo capítulo, con la certeza de los años de nuestro lado, con el perdón y con el olvido.

A pesar de los años, seguimos siendo los mismos, aunque no sea más la adolescente enamorada de alguien que tenía resuelta su vida en otro lugar del mundo, lejano para mí, sino que soy esa persona que siempre estuvo ahí, y que siempre estará, sin condiciones ni restricciones. Es amor puro y verdadero, de amiga, a pesar de los múltiples obstáculos.

Quiero ser alguien perenne en su vida. Quiero ser algo bueno. Quiero un para siempre, otra vez, en su corazón. Quiero abrazarlo con la rabia de no haberlo tenido durante todos estos años, quiero llorar en su hombro todas las lágrimas que cayeron al piso. Quiero poder contarle de las noches pensándolo, de todas las letras, de todas las cartas. Quiero que entienda que nunca se fue. Que no lo amo como mujer, que lo amo como amigo.

Con el encuentro y la verdad, también quedan las preguntas. Pero prefiero dejarlo así.

Dije que iba a quererte siempre. Y cumplí. No sabes cuánto te quiero...

Sergio... el Ser... de todos mis siempres

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