domingo, 12 de abril de 2009

No hay peor ciego...

Cuando desperté esta mañana, me sentí extraña. Traté de mirar alrededor, para reconocer el lugar. Pensé que era la oscuridad de la madrugada, y en vano intenté adaptarme a ella, pero no pude. No era yo. Ayer, cuando cerré los ojos, lo hice en medio de una desafiante fortuna, de una inverosímil felicidad. Y hoy me dí cuenta de que me quedé ciega. Y "No hay peor ciego, que el que no quiere ver"
Ya solo queda el vacío y unos cuantos rastros de lo que fui. El vacío empezó como un punto en el ombligo, y en medio de mi rebeldía, lo confundí con mariposas. Y se alimentó con el todos los días, y creció. Y hoy, es un inmenso hueco en el estómago, en el que perdí todo, hasta la esperanza. Me estoy perdiendo en él, aunque me cueste reconocerlo. Me siento sola en el mundo. Sola, ciega y con un hueco, que no puedo llenar con nada, más que conmigo misma. Y aunque me rehuso, siento que pronto voy a flaquear. Se acabará la fortaleza y llegarán las lágrimas y la amargura y el duelo. Y en medio de la tristeza, tendré que buscar y recoger mis rastros.
Me siento extraña, como si ya no fuera la misma. No son las mismas manos, ni es el mismo cuerpo, ni el mismo olor. No soy yo. Cuesta reconocerme en medio de las tinieblas, cuesta reconocer que estas manos ásperas me pertenecen y que esta soy yo. Cuesta creer que no me quedan ni los momentos, porque la memoria no me alcanza para salvarlos. Y que no me alcanzó para salvarlo a él, porque él también cupo por el hueco. Los recuerdos no son suficientes cuando ya no se ve, o cuando ya no se quiere ver. Finalmente terminan por olvidarse los colores del mundo y los rostros amados.
Y por más que lo intento, no vuelven ni las memorias ni los colores, ni el mundo mismo. Si, no hay peor ciego que el que no quiere ver, pero, lo esencial es invisible a los ojos. Y bueno, es difícil empezar de nuevo cuando aún no se está listo.

1 comentario:

  1. NinnaGirasol:
    Permítame devolverle el comentario, pero en sentido inverso:
    Es difícil, si, empezar de nuevo cuando no se está listo.
    Pero no imposible.
    ¿Usted perdió la esperanza? ¿Y cómo puede darla entonces? Si nadie puede dar, lo que no tiene para sí... y a nosotros nos dejó una buena dosis.
    No, Ninna, usted no perdió la esperanza.
    Como Lolita, como yo, está dolida como un animal herido, y es comprensible.
    Mis respetos,

    El Profesor

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