miércoles, 22 de abril de 2009

¿Cuál es mi nombre?

"Los nombres son lo que se puede ver cuando se miran las cosas. ¿Cuál es mi nombre?"





Este fue el comentario/pregunta que mi amiga Conny puso en su facebook, y algunos de sus amigos, en una palabra, la definimos.


Conny, para mí, es voz. La voz de la con-ciencia, aveces, y también de la sin-ciencia (gracias mi Co). Además, tiene una voz inconfundible, cómplice, amiga. Creo que podrían pasar 400 años, y aunque la voz le cambiase, la reconocería.


Mi Conny y yo hemos crecido junticas, y junticas hemos vivido cosas similares. (¿O no?) Nos hicimos amigas el día en que me dijo que le caía mal, hace más de una década. Compartimos secretos, letras, películas, música, y un día, tomamos caminos diferentes. Ella se fue por el que yo hoy, hubiera querido tomar. Y entonces cada vez que la veo, y sin importar las circunstancias del encuentro, soy feliz. Porque es un alma joven, que reconforta, y porque es de las personas que pueden llegar directo al corazón con palabritas, y quedarse allí para siempre.


Es la niña de los cuentos, de los monstruos, de los cuadernos de letras, de flores, de girasoles y de sorpresas. Ella siempre ha sido como mi maestra y ahora, con un enorme gusto, es necesario quitarle el "como mi", porque terminó su maestría, sustentó su tesis con muchísimos honores.


Y después de esto, ¿Cómo te atreves a pedirme una sola palabra?


Tu nombre debería ser Connysinciencia-Amiga-Fuerte-Cuento-Flor-Maestra-Voz-Alma


Te quiero!

Post/

Y a propósito de Conny y su pregunta, la tomo prestada y yo misma me defino hoy: Tranquilidad. Tranquilidad, que no es lo mismo que felicidad, pero que hoy se le parece un mundo.

Tranquila, así me siento.

lunes, 20 de abril de 2009

Ser esa


Y si una vez en tus manos cierras los ojos y sonríes de esa forma,
y si miras de esa forma
y si hueles, casi que saboreando...
Si te lo guardas para tí solo
Y si no compartes


Y si, además, mientras lo haces,
me regalas un mundo.


Entonces,
quiero Ser Esa.


domingo, 19 de abril de 2009

Gimnasia Literaria: El Nudo



La otra vez la sal, el petroleo y un camino de piedritas me cayeron como un baldado de agua fría, y me sentí pesada, sin poder caminar, casi sin poder respirar... sentí, por un instante, El Nudo. Ese que de cuando en vez aparece por ahí, se instala en mi garganta, en mis manos o en mis pies, y según el caso, me impide gritar, correr o hacer algo. Ese mismo, el que no he logrado arrancarme desde la adolescencia, el que dejó que él se fuera sin saber que era mi amor... el amor de siempre... el primer beso... el primer verso...


Hoy por ejemplo, me impide llorar. Me impide sentir. Y de más está decir, que estoy en blanco. En blanco la mente y el corazón. En blanco, más no en paz. ¿Cómo esperar sentir paz, cuando no se puede sentir nada?



De tantos años con el maldito Nudo, ya hasta cariño le siento!

domingo, 12 de abril de 2009

No hay peor ciego...

Cuando desperté esta mañana, me sentí extraña. Traté de mirar alrededor, para reconocer el lugar. Pensé que era la oscuridad de la madrugada, y en vano intenté adaptarme a ella, pero no pude. No era yo. Ayer, cuando cerré los ojos, lo hice en medio de una desafiante fortuna, de una inverosímil felicidad. Y hoy me dí cuenta de que me quedé ciega. Y "No hay peor ciego, que el que no quiere ver"
Ya solo queda el vacío y unos cuantos rastros de lo que fui. El vacío empezó como un punto en el ombligo, y en medio de mi rebeldía, lo confundí con mariposas. Y se alimentó con el todos los días, y creció. Y hoy, es un inmenso hueco en el estómago, en el que perdí todo, hasta la esperanza. Me estoy perdiendo en él, aunque me cueste reconocerlo. Me siento sola en el mundo. Sola, ciega y con un hueco, que no puedo llenar con nada, más que conmigo misma. Y aunque me rehuso, siento que pronto voy a flaquear. Se acabará la fortaleza y llegarán las lágrimas y la amargura y el duelo. Y en medio de la tristeza, tendré que buscar y recoger mis rastros.
Me siento extraña, como si ya no fuera la misma. No son las mismas manos, ni es el mismo cuerpo, ni el mismo olor. No soy yo. Cuesta reconocerme en medio de las tinieblas, cuesta reconocer que estas manos ásperas me pertenecen y que esta soy yo. Cuesta creer que no me quedan ni los momentos, porque la memoria no me alcanza para salvarlos. Y que no me alcanzó para salvarlo a él, porque él también cupo por el hueco. Los recuerdos no son suficientes cuando ya no se ve, o cuando ya no se quiere ver. Finalmente terminan por olvidarse los colores del mundo y los rostros amados.
Y por más que lo intento, no vuelven ni las memorias ni los colores, ni el mundo mismo. Si, no hay peor ciego que el que no quiere ver, pero, lo esencial es invisible a los ojos. Y bueno, es difícil empezar de nuevo cuando aún no se está listo.