lunes, 17 de diciembre de 2007

Cosas viejitas que encontré por ahí

En estas tardes de encuentros y desencuentros, te deseo.

Te deseo profundamente, desde todos los rincones de mi cuerpo,

y también de mi alma.

Desde mi primera persona y en todos los tiempos verbales.

Y hoy, en esta tarde fría,

quisiera amarte.

Como si no hubiera un mañana, y solo existiera el hoy

Como si fueras el último ser en el mundo (el único)

Quisiera beberte a sorbos, a sorbitos,

para que más nunca se me olvide tu esencia,

para que te quedaras para siempre en mí

y así no tener que vivir con la idea de no tenerte

(y de que quizá nunca te tenga)

Quisiera dejar de recorrerte con mi memoria,

de dibujarte e imaginarte en otros lugares,

en otros tiempos,

para hacerlo con la punta de mis dedos,

como si durmieras a mi lado,

y quisiera comprobar tu realidad sin despertarte...

Quisiera dejar de soñar con encenderte,

para hacerlo.

Y fundirme contigo, en tí, y así

trocar un poco esta realidad que hoy me abruma

En esta tarde se me antoja desearte

y quisiera poder desear

desear ser todo para tí, aunque nunca me lo admitas,

aunque tu mismo lo ignores,

sin culpas, sin remordimientos, sin arrepentiemientos

desearte en un día como hoy,

y anhelar verte, y poder hacerlo,

y hacerte el amor como loca

y que no nos quede ni un centímetro por explorarnos.

Y que con una sola palabra tuya

no solo se desnude mi alma

sino mi cuerpo también.

Desde alguna fecha y para el Ser ... de todos los siempres.

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