miércoles, 26 de diciembre de 2007

UNO


“Porque las distancias más grandes no se miden en kilómetros... ni las diferencias más abrumadoras en años.”

Recorriendo caminos ya andados, escuchando recuerdos, arrancándole los momentos a mi piel para que no los viva más, las lágrimas a mis ojos para que no los llore más, los rostros a mi espejo para que no los refleje más. Así me veo ahora, así me ví desde el día en que te me escapaste por entre los dedos, desde el día en que mi impotencia pudo más que tus alas, desde el día en que tuve que apretar los puños con rabia, y cerrar los ojos del dolor, para no ver como te alejabas de mi, y te acercabas a lo imposible, a lo inevitable...

Fueron muchos años arrastrando el peso de mis culpas a través de éstos caminos, demasiadas historias, demasiados finales infelices, una búsqueda eterna de no sé exactamente qué, o quién, pero no resultó. Amores fugaces que dejaron huellas, imborrables, otros menos fugaces que hicieron huecos, insellables... unas absurdas cuentas con la vida, noches de desvelo mirando al techo, mil poemas, cantos a la vida, odas al amor, elogios a la muerte. Si, fueron muchos años, demasiadas historias, miles de sueños derrumbados, millones de preguntas sin respuesta, y una lágrima por cada pregunta, una tristeza por cada sueño des-hecho, una esperanza rota por cada historia... Verás, no soy una persona común y corriente, no pertenezco a la norma de la gente que me rodea, no hago parte de su mundo... vivo demasiado lejos, habito un planeta distante y sombrío, en el que jamás he podido hallar a alguien más. Eso podría explicar muchas cosas, tales como mi forma de pensar, extraña por cierto, y que se dirige en sentido contrario a lo que mis padres alguna vez quisieron de mí, y a fuerza de intentar y no lograr, terminaron por aceptar lo que soy. También podría explicar mis preferencias musicales, mi extraña manera de mirar la vida, mi actitud hacia el amor, la fidelidad, la soledad, el sexo... en fin. Si pretendiera explicártelo, te juro, me quedaría corta. No es que sea particularmente difícil de decir, de escribir, ni que pretenda hacer de mí, alguien inexplicable... es solo que ese tipo de cosas se aprehenden más fácilmente con el día a día, no con unas cuantas palabras, se perdería el encanto... No sé por qué, me gustaría pedirte que intentaras conocerme. No lo sé, porque no tienes razones para quererlo, y porque definitivamente, mis razones no serían suficientes. Pero es lo que en este momento desearía... quizá podrías descubrir muchas cosas, que jamás imaginaste, o quizá, sientas como si estuvieras leyendo un libro leído ya. No lo sé, y no lo sabré jamás, porque sé que jamás llegarás a saber si soy, quien soy, por qué, porque simplemente es algo que está fuera de lo que eres, de tu naturaleza, de ti.

Pero eso no impide que intente explicarte algo. Si yo te amara, y si supiera que vos no me amás, la historia sería distinta. Pero el punto es que no te amo, pero sé perfectamente que haces parte del grupo de personas, reducido, por cierto, con quien podría intentar algo. Pero la vida se me ha ido en intentos, y en intentos de intentos. Y ya no puedo más.

De las cosas que uno se encuentra por ahí, cuando pretendía dar explicaciones. Algún día de 1999

lunes, 17 de diciembre de 2007

Cosas viejitas que encontré por ahí

En estas tardes de encuentros y desencuentros, te deseo.

Te deseo profundamente, desde todos los rincones de mi cuerpo,

y también de mi alma.

Desde mi primera persona y en todos los tiempos verbales.

Y hoy, en esta tarde fría,

quisiera amarte.

Como si no hubiera un mañana, y solo existiera el hoy

Como si fueras el último ser en el mundo (el único)

Quisiera beberte a sorbos, a sorbitos,

para que más nunca se me olvide tu esencia,

para que te quedaras para siempre en mí

y así no tener que vivir con la idea de no tenerte

(y de que quizá nunca te tenga)

Quisiera dejar de recorrerte con mi memoria,

de dibujarte e imaginarte en otros lugares,

en otros tiempos,

para hacerlo con la punta de mis dedos,

como si durmieras a mi lado,

y quisiera comprobar tu realidad sin despertarte...

Quisiera dejar de soñar con encenderte,

para hacerlo.

Y fundirme contigo, en tí, y así

trocar un poco esta realidad que hoy me abruma

En esta tarde se me antoja desearte

y quisiera poder desear

desear ser todo para tí, aunque nunca me lo admitas,

aunque tu mismo lo ignores,

sin culpas, sin remordimientos, sin arrepentiemientos

desearte en un día como hoy,

y anhelar verte, y poder hacerlo,

y hacerte el amor como loca

y que no nos quede ni un centímetro por explorarnos.

Y que con una sola palabra tuya

no solo se desnude mi alma

sino mi cuerpo también.

Desde alguna fecha y para el Ser ... de todos los siempres.

Declaración de finales...

A pesar de la reflexibilidad (yo soy yo), debo confesar que ella me mueve desde abajo y desde muy dentro, y por ella, y después de pensarlo seriamente, he decidido hacer una declaración:
 
Declaración de Finales
 
En pleno uso de mis facultades, he decidido detener esta metamorfosis, darle la espalda a la depresión, definitiva y permanentemente, y tratar de volver en mí y a mí y de ser yo.  Lo curioso, aquí, es que es por ella.
 
Confieso abiertamente que me gusta ser como soy, así las coincidencias sean pocas, así no sea ninguna.  Tal vez no nací para adaptarme y en honor a la sinceridad, hoy no me importa.
 
Me gusta sentarme a escribir, y voy a recuperarlo.  Una hoja en blanco siempre fue una ruta de escape y hoy es una puerta de entrada,  Así que voy a seguir al instinto y voy a entrar, así la entrada sea un poco estrecha para mi y mis ajetreados días.
 
Me gusta mi música, me gusta Silvio así últimamente le huya.  Me gusta Sabina, me gusta Aute y me gustan muchos más. 
 
Me gusta la poesía, así me tilden de cursi.  Qué carajos me importa!  Volveré a mis versos y prosas, así no sea capaz de construir algo que valga la pena. 
 
Me gusta inmiscuirme en mi propia vida, así útlimamente haya estado al margen.  Así que dejaré de andarme por los bordes, y me meteré de lleno en ella.  Eso es un proyecto gigante y cuesta muchas cosas, pero estoy dispuesta a asumir el reto.
 
Me gusta Diciembre, me gusta ser niña, me gusta mirarme en los ojos de mi hija y sentir que tengo tanto que enseñar!
 
Me gusta María Paz.
 

miércoles, 12 de diciembre de 2007

La piedra

Si, cuesta. Antes era sencillo. Los dedos se deslizaban y las palabras salían, una a una. Siempre leía todo lo que salía, y pensaba que era muy malo. Después del tiempo terminaba por gustarme. De alguna forma, esas palabras me hacían recordar (y como recordar es vivir), vivir nuevamente lo que sentía. Y podía sentirme triste otra vez, e incluso llorar, o sentir el cosquilleo de un nuevo amor... y escribir de príncipes, nubes, niñas despeinadas pero felices...
Pero ahora cuesta. La pantalla en blanco, y cuesta tanto escribir!
Tal vez porque creo que me estoy volviendo piedra. Y poco a poco me transformo, de adentro hacia afuera. Pocas cosas me mueven, de hecho, sólo una cosa me mueve ya. Lo mío no es cuestión de talento, ya lo descubrí. Suerte que no escogí vivir de esto...
En fin. Duele un poco esto de la piedra, tal vez sea una piedra girasol despeinada, que trata de ser feliz.

Pero aún así duele. Porque tal vez estoy volviéndome lo que no quería ser. Es como el niño que quería ser bombero, y terminó siendo cajero en un banco; todas las noches sueña con sus aventuras, apagando incendios, ayudando a la gente, pensando que sólo está pospuesto, hasta que se da cuenta que es demasiado viejo y gordo para intentarlo. Bueno, lo mío es un poco al revés... terminé enredada entre números, cuando amaba profundamente a las letras. Y cada día hay una razón más para no mirar atrás, para seguirme deshaciendo de quien soy. Que ironía, verdad?

Pero bueno. Algún día la piedra será más grande, y dejará de dolerme ser piedra. Y como todos los días, me seguiré levantando, seguiré cargando la carga, seguiré.
Piedra.