miércoles, 28 de noviembre de 2007

24 horas.

Inexplicablemente, la lluvia, ese caer de gotitas me transporta a otros tiempos y lugares, cuando la vida era sólo el devenir de días y momentos, cuando esperaba todo del futuro, y del presente al futuro solo habían 24 horas.  

 

Y hoy llueve. 

 

Y ya mañana no significa mañana, sino más allá, años e incluso décadas.  Y ya la esperanza no está en mí sino en alguien más, que cada día se desprende y se hace más persona.  No sé si esto se llama madurez, no sé si al fin crecí, no creo.  Pero la lluvia, del verbo a la acción, definitivamente es lo mío.  Y hoy que llueve, después de todos estos días soleados, pienso un poco en mi vida, y noto que ha cambiado.  En pequeñeces y en grandeces.  No sé si en esencia sigo siendo yo, no sé si cuando me enfrente a las cosas y los lugares que siempre me movieron el corazón y el alma, seré la misma, o si de eso que fui, no quedará nada.  No lo sé… tal vez me asusta un poco…

 

No sé si mañana será diferente todo.

 

Lo cierto es que me siento un poco cansada, un poco copada, un poco de todo.  Tal vez un poco deprimida también… y la lluvia, que me encanta y lo confieso, me mueve y me hace pensar un poco más.  Y tal vez me entristezca… no sé que pasa, pero un día tras otro, una obligación tras otra… quizá no era eso lo que yo quería, y aquí estoy.  Y siento, casi, que me quedo sin fuerzas…  Y las cosas que antes me impulsaban ya no las veo, ya no las siento, ya no me mueven.  Y de repente la lluvia me transporta, y sufro un poco, sufro mucho…  por la oportunidad perdida, sobre todo.  Porque a veces siento que las cosas realmente importantes se me escaparon, como el agua entre los dedos.  Y es frustrante, de cierta forma, pero es la vida.  Cada cual a lo suyo, y lo mío definitivamente no soy yo.  O por lo menos ahora, no lo soy.  Ni yo, ni él, ni nosotros, ni ellos.

 

Lo mío, hoy, está en segunda persona. 

Será crecer… será madurar…

Qué lástima!

24 horas.

 

 

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